Se acerca el fin del trimestre y muchos ya sufrís por las notas. Para ayudaros un poco, os propongo que me entreguéis una redacción optativa, de máximo 15 líneas, que trate sobre el siguiente tema:
LAS RELACIONES ENTRE LOS HIJOS Y LOS PADRES
Esta redacción se tiene que entregar el día 29 de noviembre, a la hora de clase. Hay que entregarla pasada a ordenador.
Mi madre es una súper mamá. A los 21 años empezó a criar el primer bebé seguido de otros 2. Yo soy la última, es decir, la pequeña y, como se podría decir, la menos afortunada. He aquí por qué:
Manuel: Fue el primero y el más consentido. ¿Por qué? Porque era la primera vez que mi papá y mi mamá tenían un hijo. Los primeros años fueron encantadores, ya que no hubo ni un solo momento que mi hermano se cansase porque siempre estaba cogido en brazos. En la adolescencia, hacía todo lo que se le antojaba ya que mis padres no tenían ni la remota idea de cómo actuar. Ahora con 27 años trabaja de camarero en un restaurante.
Rosa: Es la segunda en general, pero la primera en ser niña, por eso ha tenido un trato también especial. Mi madre estaba encantada, porque así la podría vestir con trajecitos de niña. En la adolescencia estaba segura que con ella podría hablar, comprar ropa y hacer más cosas de chicas (cosa que casi nunca pasó). Ahora con 23 años ha acabado de hacer un módulo de grado medio de Peluquería.
Y por fin yo, Irma: Soy la que le tocó ponerse los trajes de mi hermana cuando era pequeña. También la que se cansaba de gatear o caminar, ya que según ellos estar de brazos todo el día era de mala costumbre. Y la que, ahora, con 14 años le toca limpiar, estudiar mucho, callarse en las conversaciones de "mayores"... En fin como he dicho antes, se podría decir que soy la menos afortunada.
Nunca me he llevado demasiado bien con mi padre. Es más, a los catorce años me escapé de casa y me fui a vivir con mis tíos por parte de madre. Desde pequeño, nunca le tuve demasiado afecto, quizá porque yo no tenía madre y mi padre debía trabajar para alimentarme, pero yo, lógicamente, eso no lo sabía entender. Pero ahora, que veo su cuerpo tan frágil encima de una cama totalmente de hospital, lleno de tubos que le conectan a máquinas para poder vivir, si a eso se le llama vivir, mi punto de vista sobre él parece variar. No es que ahora considere buenos todos esos años que pasé con él, sino que noto cierto cariño hacia él, ahora que está en el estado que está. Hacía mucho que no le veía, hasta que ayer me llamaron del hospital en el que estaba ingresado, diciéndome que ha entrado en coma. Según ellos, padecía un leve alzheimer y él mismo quiso ingresar. Evolucionaba satisfactoriamente, pero un día, así, de repente, cayó en coma, y los médicos aún no saben por qué. Me pregunto qué habrá pasado en el cerebro de aquel anciano gruñón, pero por más que me estruje los sesos, no encuentro ningún motivo razonable. ¿Qué está pensando ese cascarón aparentemente vacío? ¿Estará pensando algo? No lo sé, pero creo que, después de todo, no es tan cruel como había creído todo este tiempo.
Es cierto que los niños a medida que vamos creciendo, evolucionamos, y por tanto las relaciones que establecemos con los padres varían. Debemos tener en cuenta que los padres, también cambian, y que eso también influye en las relaciones familiares, de manera que los posibles problemas que surgen, no se deben únicamente a los hijos sino también a los padres. El grado de influencia que los padres tienen sobre nosotros, los hijos, se puede ejercer de muy diversas formas como los castigos, la sicología inversa, o los gritos y enfados. La forma de tratarnos representará el modelo a seguir, las maneras como interactuaremos con los amigos o conocidos a lo largo de toda la vida. A veces, los padres intentan hablar con nosotros, pero lo que hacemos es pasar de ellos y hacer lo que creemos mejor, pero lo mejor es escucharles, ponernos en su lugar y viceversa, porque ellos han sido niños como nosotros y muchas veces no quieren que cometamos sus fallos. La relación entre padres e hijos en la etapa de la adolescencia es muy dura.
Las relaciones entre padres e hijos es muy complicada ya que la adolescencia es una de las etapas más difíciles que hay.
La relación puede verse afectada por cambios de humor muy bruscos en los adolescentes, porque empiezan a experimentar nuevas sensaciones.
Lo primero que hay que hacer cuando esto ocurre, es mantener una conversación para que los niños entiendan que han llegado a una parte de su vida muy difícil y deben comprender a los padres cuando ellos se enfadan o ven algo que no les gusta en el comportamiento de sus hijos.
También los padres deben comprender a los hijos, deben escuchar i deben ser pacientes, están en una edad llamada "la edad del pavo" y es muy complicada de sobrellevar.
Su relación debe tener unas pautas:
-El respeto: tiene que ser mutuo entre ellos y no tienen por que faltarse el respeto, hablando se solucionan las cosas.
-La comprensión: tienen que compenderse aunque sea un tema complicado.
Y el último punto i uno de los más importantes:
-La comunicación: es la base de toda relación, ya sea entre parejas, entre amigos, o en este caso entre padres e hijos.
Voy a ser sincera. Muchos de los que hayan hecho esta redacción habrán dicho: que quieren mucho a sus padres, que se llevan muy bien, que se lo cuentan todo… Cuando en realidad es mucho más complejo, “hipócritas” es lo que son. Para empezar, en la adolescencia es cuando el camino se estrecha, ya que los conflictos son más abundantes, porque los padres siempre ponen límites y normas en cambio los hijos no queremos cumplirlas. Es ahí cuando la convivencia se hace difícil, la variedad de pensamientos, la diferencia de edad, el querer protegernos como si aún fuéramos aquellos pequeños niños que la dependencia se convirtió en cariño. Aunque somos personas únicas, individuales e independientes, reconozco que aún no somos adultos. Finalmente, opino que no es lo mismo lo que sienten los padres que lo que sentimos los hijos, ya que los padres han podido elegir con quien han querido formar nuestra familia y nosotros no, porque a diferencia de los amigos la familia no se puede elegir.
8 comentarios:
Jeny ¿La redacción tiene que ser en primera persona?
Irene, puedes utilizar la persona que te vaya mejor para tu redacción. Tenéis total libertad, siempre que no os desviéis del tema.
jeny de quantas palabras tiene que ser la redacion?
Mi madre es una súper mamá. A los 21 años empezó a criar el primer bebé seguido de otros 2. Yo soy la última, es decir, la pequeña y, como se podría decir, la menos afortunada. He aquí por qué:
Manuel: Fue el primero y el más consentido. ¿Por qué? Porque era la primera vez que mi papá y mi mamá tenían un hijo. Los primeros años fueron encantadores, ya que no hubo ni un solo momento que mi hermano se cansase porque siempre estaba cogido en brazos. En la adolescencia, hacía todo lo que se le antojaba ya que mis padres no tenían ni la remota idea de cómo actuar. Ahora con 27 años trabaja de camarero en un restaurante.
Rosa: Es la segunda en general, pero la primera en ser niña, por eso ha tenido un trato también especial. Mi madre estaba encantada, porque así la podría vestir con trajecitos de niña. En la adolescencia estaba segura que con ella podría hablar, comprar ropa y hacer más cosas de chicas (cosa que casi nunca pasó). Ahora con 23 años ha acabado de hacer un módulo de grado medio de Peluquería.
Y por fin yo, Irma: Soy la que le tocó ponerse los trajes de mi hermana cuando era pequeña. También la que se cansaba de gatear o caminar, ya que según ellos estar de brazos todo el día era de mala costumbre. Y la que, ahora, con 14 años le toca limpiar, estudiar mucho, callarse en las conversaciones de "mayores"... En fin como he dicho antes, se podría decir que soy la menos afortunada.
Nunca me he llevado demasiado bien con mi padre. Es más, a los catorce años me escapé de casa y me fui a vivir con mis tíos por parte de madre. Desde pequeño, nunca le tuve demasiado afecto, quizá porque yo no tenía madre y mi padre debía trabajar para alimentarme, pero yo, lógicamente, eso no lo sabía entender. Pero ahora, que veo su cuerpo tan frágil encima de una cama totalmente de hospital, lleno de tubos que le conectan a máquinas para poder vivir, si a eso se le llama vivir, mi punto de vista sobre él parece variar. No es que ahora considere buenos todos esos años que pasé con él, sino que noto cierto cariño hacia él, ahora que está en el estado que está. Hacía mucho que no le veía, hasta que ayer me llamaron del hospital en el que estaba ingresado, diciéndome que ha entrado en coma. Según ellos, padecía un leve alzheimer y él mismo quiso ingresar. Evolucionaba satisfactoriamente, pero un día, así, de repente, cayó en coma, y los médicos aún no saben por qué. Me pregunto qué habrá pasado en el cerebro de aquel anciano gruñón, pero por más que me estruje los sesos, no encuentro ningún motivo razonable. ¿Qué está pensando ese cascarón aparentemente vacío? ¿Estará pensando algo? No lo sé, pero creo que, después de todo, no es tan cruel como había creído todo este tiempo.
Es cierto que los niños a medida que vamos creciendo, evolucionamos, y por tanto las relaciones que establecemos con los padres varían. Debemos tener en cuenta que los padres, también cambian, y que eso también influye en las relaciones familiares, de manera que los posibles problemas que surgen, no se deben únicamente a los hijos sino también a los padres.
El grado de influencia que los padres tienen sobre nosotros, los hijos, se puede ejercer de muy diversas formas como los castigos, la sicología inversa, o los gritos y enfados. La forma de tratarnos representará el modelo a seguir, las maneras como interactuaremos con los amigos o conocidos a lo largo de toda la vida.
A veces, los padres intentan hablar con nosotros, pero lo que hacemos es pasar de ellos y hacer lo que creemos mejor, pero lo mejor es escucharles, ponernos en su lugar y viceversa, porque ellos han sido niños como nosotros y muchas veces no quieren que cometamos sus fallos.
La relación entre padres e hijos en la etapa de la adolescencia es muy dura.
Las relaciones entre padres e hijos es muy complicada ya que la adolescencia es una de las etapas más difíciles que hay.
La relación puede verse afectada por cambios de humor muy bruscos en los adolescentes, porque empiezan a experimentar nuevas sensaciones.
Lo primero que hay que hacer cuando esto ocurre, es mantener una conversación para que los niños entiendan que han llegado a una parte de su vida muy difícil y deben comprender a los padres cuando ellos se enfadan o ven algo que no les gusta en el comportamiento de sus hijos.
También los padres deben comprender a los hijos, deben escuchar i deben ser pacientes, están en una edad llamada "la edad del pavo" y es muy complicada de sobrellevar.
Su relación debe tener unas pautas:
-El respeto: tiene que ser mutuo entre ellos y no tienen por que faltarse el respeto, hablando se solucionan las cosas.
-La comprensión: tienen que compenderse aunque sea un tema complicado.
Y el último punto i uno de los más importantes:
-La comunicación: es la base de toda relación, ya sea entre parejas, entre amigos, o en este caso entre padres e hijos.
Voy a ser sincera. Muchos de los que hayan hecho esta redacción habrán dicho: que quieren mucho a sus padres, que se llevan muy bien, que se lo cuentan todo… Cuando en realidad es mucho más complejo, “hipócritas” es lo que son.
Para empezar, en la adolescencia es cuando el camino se estrecha, ya que los conflictos son más abundantes, porque los padres siempre ponen límites y normas en cambio los hijos no queremos cumplirlas. Es ahí cuando la convivencia se hace difícil, la variedad de pensamientos, la diferencia de edad, el querer protegernos como si aún fuéramos aquellos pequeños niños que la dependencia se convirtió en cariño. Aunque somos personas únicas, individuales e independientes, reconozco que aún no somos adultos.
Finalmente, opino que no es lo mismo lo que sienten los padres que lo que sentimos los hijos, ya que los padres han podido elegir con quien han querido formar nuestra familia y nosotros no, porque a diferencia de los amigos la familia no se puede elegir.
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