jueves, 29 de septiembre de 2011

Bruce Springsteen y The River


En clase hemos escuchado a Bruce Springsteen y su canción repleta de sentimiento: The River. La hemos escuchado en inglés pero hemos podido entender su significado gracias a los subtítulos. ¡Gracias Mr. Youtube!

Ahora viene la actividad propuesta:
Como estamos viendo la narración, os propongo que hagáis una redacción en primera persona en la que os hagáis pasar por el protagonista de The River, y os baséis en la canción para explicar los hechos. Obviamente, podéis inventaros nuevas cosas y prescindir de los detalles que no os interesen.
La redacción debe tener una extensión de 100-150 palabras. La debéis entregar pasada a Word el día y hora acordado en clase. Recordad que no recogeré las redacciones pasada esa fecha. Tened en cuenta también que las redacciones con más de 10 faltas tendrán una nota máxima de 4.

El alumno que tenga la mejor redacción de cada clase pasará a ser alumno VIP. ¡Mucha suerte a todos!

5 comentarios:

Irene Lozano Holgado (3.1) dijo...

El río desbordado.

Damián, sí, ese es mi nombre y vivo en la parte baja del valle, donde, cuando eres joven, te enseñan a hacer las cosas de la misma forma que lo hace tu padre. Es un pueblo, en el cual, los habitantes lo saben todo sobre los vecinos.

Tenía diecisiete años e iba al instituto con mi hermano, Gabriel. Allí, la gente dejaba que otros eligieran su vida por ellos; por ejemplo Jhonny, mi mejor amigo, estaba obligado a ejercer de sheriff como su padre, pero él en verdad tenía un don para cantar, aún así pocos lo sabían. Miguel era el capitán de fútbol, pero lo que realmente quería ser era escritor, le chiflaba inventarse historias, y siendo sincero lo hacía muy bien. Los dos tenían novia; simpáticas, alegres, buenas estudiantes... como todas las demás.

A mitad de curso, durante el cambio de clase, me dirigía al aula que me tocaba pero sin darme cuenta una chica se tropieza conmigo y los dos caemos.
- ¿Perdón, estás bien? - Me pregunta ella, aquella chica de ojos grandes de color lima, labios rosados, nariz fina, de cabello oscuro... Guapa, qué digo preciosa.
- Sí, ¿Y tú? - Le respondo atónito.
- Sí, estoy bien, gracias.
Recoge sus libros y se marcha, pero sin querer se le olvida una libreta: María, es así como pone que se llama y tiene un año menos que yo.

Y así la conocí, María, la chica que me enamoró después de ese tropiezo. Desde el día que le devolví la libreta no paramos de quedar, de conocernos..., de enamorarnos.
Al año siguiente ella y yo manteníamos una relación estable y en una noche de luna llena le susurre al oído:
- Fuguémonos
- ¿Dónde? - Me preguntó sorprendida.
- Donde los campos sean verdes... - Aquella fue la respuesta que se me ocurrió en ese maravilloso momento.

Y así lo hicimos, los dos, jóvenes huimos del valle que nos vio crecer. Y una noche especial, diferentes a todas las demás, ella y yo nos conocimos como no lo habíamos hecho jamás; sumergidos, dejándonos llevar en la corriente del río. Desde ese momento, cada noche íbamos allí y lo repetíamos.

Pero pasa el tiempo, y un día María no pudo disimular que estaba embarazada. Fue ahí donde comenzó todo.

A mis diecinueve años me regalaron un contrato de trabajo y un traje de boda. Sí, nos casamos, pero no como en los cuentos de hadas donde un cura se encarga de todo, hay felicitaciones, sonrisas, paseo hacía el altar, flores y vestido de novia... Sino al contrario, y por si es más fue en el juzgado.
Ahora, tengo un trabajo en la construcción para la compañía Johnston pero últimamente dicen que la cosa está mal debido a la economía y todo eso. Y todas aquellas cosas que me parecían importantes para mí parecen desvanecerse en el aire. Yo actúo como si no recordara nada del pasado, y María como si no le importara. Pero aún recuerdo aquellas escapadas que hacíamos en el coche de mi hermano. Sí, recordando su bronceado y húmedo cuerpo yacer a mí lado, tumbados por las noches a la orilla del lago. Solía tumbarme cerca de ella, para oírla respirar a mi lado. Todos esos recuerdos vuelven a mí persiguiéndome como una maldición. Es un sueño, una mentira si no se hace realidad. O es algo peor lo que me envía hacia el río.
Johnny es cantante y Miguel escritor, y yo, tal vez, en otra vida no hubiera cometido esos errores como en esta, pero en el momento no lo piensas, sino que lo haces. Y es que en el amor no piensas en mañana pero sí en el ahora.

Juan Antonio Lorente (3.1) dijo...

THE RIVER.

Yo soy de un pueblo, dónde cuando eras joven te educaban para que hagas lo mismo que hizo tu padre. Carla y yo nos conocimos cuando teníamos quince años en el instituto. Conducíamos lejos de este pueblo hasta llegar a los campos verdes. Bajábamos hasta el río cojidos de la mano y en el río nos zambullíamos y hacíamos el amor. Carla se quedó embarazada y ella no podía disimularlo. Cuando cumplí los dieciocho años ya tenía el carnet de coche y un traje para la boda. Fuimos al juzgado, y el juez hizo el resto. Sin alegría de boda, ni paseo hasta el altar, sin anillos y sin vestido de novia. Aquella noche nos fuimos al río y nos zambullíamos haciendo el amor. Ahora trabajo en las obras para la Construex Company, pero últimamente no hay mucho trabajo por culpa de la economía. Ahora todas las cosas que parecían tan importantes se han desvanecido en el aire. Yo hago como si no me acordara, ella hace como si no le importara. Pero recuerdo cuando ibamos en el coche de mi tío, su cuerpo bronceado y húmedo junto al río. Cada noche me tumbaba en aquella orilla y la abrazaba muy fuerte. Ahora esos recuerdos han vuelto para acosarme. Me persiguen como una maldición. ¿Es un sueño una mentira si no se hace realidad o es algo peor lo que me lleva al río? Aunque sé que el río ya se ha secado algo me lleva al río esta noche...Al río...Carla y yo junto al río...hacíamos el amor...

Karolina Pruna Alban (3.1) dijo...

THE RIVER

Explico mi vida en una canción. En la letra dice que vivía en un valle con mis padres. Cuando pasó un tiempo me fui a la universidad y conocí a una chica, que se llamaba Mary. Cuando ella tuvo diecisiete años, los dos nos íbamos con el coche hasta unos campos verdes. En aquel lugar había un rio, y allí nos bañábamos y junto a él haciemos el amor. A causa de eso, ella se quedó embarazada. Cuando cumplí diecinueve años, me casé con ella por el juzgado. Después de casarme, empecé a trabajar en una construcción.
Cuando pasó un tiempo, me seguía acordando de cuando mi chica y yo, íbamos a esos campos verdes. Esa noche fui a un rio que había en aquel lugar, aunque sabía que ese rio se había secado.

Gemma Castillo Conchillo (3.1) dijo...

De muy joven aspiraba que mi futuro fuera completamente diferente a la vida que había tenido mi padre, monótona y aburrida. Para nada me planteaba que ese futuro acabara en un Trabajo duro, complicado y mal pagado. Parece fácil seguir el camino planteado, pero en él encontré a una persona con la cual me desvié de mi patrón. Ella es Mary, la conocí en el instituto con diecisiete años. Solíamos ir al rio, donde nos dejábamos llevar por la corriente, e inconscientemente nos dirigía fuera de mi guía. “Pasó el tiempo y Mary quedó embarazada”. El enlace que yo me planteaba, acabó en el juzgado siendo frío e indiferente. No tuve más remedio que emplearme en la construcción. El bienestar con ella ha dejado de existir y “todos esos recuerdos vuelven a mí persiguiéndome como una maldición”. Me he convertido en mi padre, con una vida monótona y aburrida.

Amónimo dijo...

Nací y me crié en un valle, donde para mi desgracia, cuando aún eres joven, estás obligado a seguir los pasos de tu padre, sean éstos de tu agrado o no, como era mi caso. Un día coincidí en clase de arte en el instituto con una chica llamada Mary, que tenía sólo diecisiete años. Hablamos y nos conocimos mejor, hasta que yo acabé perdidamente enamorado de ella. Ella me confesó el que el amor era mutuo, y en un arrebato de amor conducimos lejos del valle hasta los relucientes campos verdes, que brillaban como si del jardín del Edén se tratase. Encontramos un río de aguas cristalinas, y nos zambullimos entre sus límpidas corrientes, dejándonos llevar. Tanto nos fascinó esa experiencia que la repetíamos tantas veces como podíamos, hasta que una noche, bajo la luz de millones de brillantes estrellas en una noche limpia como el agua del río, la magia se deslizó por nuestros enamorados corazones e hicimos el amor al lado del río, tan impasible como siempre. Desgraciadamente, no todo fue felicidad en los días siguientes, ya que Mery se quedó embarazada, y eso suponía una carga para los dos. Tener un hijo siempre es algo fantástico, pero dada la situación y la edad de los dos no era precisamente lo mejor que podía pasar. Al cumplir los diecinueve, ya tenía el carnet del sindicato, y compré una chaqueta vieja y rota por las mangas en un mercadillo para la boda. Es triste que para un evento que debe estar repleto de felicidad uno vaya con tan lúgubre chaqueta, pero no podía permitirme nada más. Mery y yo fuimos al juzgado con cara inexpresiva, y dejamos que el juez hiciese lo que le correspondía. No hubo boda, sólo la unión casi obligatoria entre dos personas que ya no sentían el fulgor de antaño. Esa noche intentamos recuperar el recientemente mencionado fulgor, regresando al río y repitiendo lo de la mágica noche, pero nada volvió a ser lo mismo. No había estrellas, no había magia, no habían relucientes campos verdes, y toda el agua cristalina parecía haberse contaminado por una corriente de tristeza. Y aquí estoy ahora, trabajando para la ‘’Johnstown Company’’, una pobre empresa de construcción que apenas se mantiene en pie. Quizá eso influya en que no trabaje lo que debería trabajar, por culpa de la dichosa economía. Ahora las cosas que hace un tiempo parecían relevantes, se han desvanecido en el aire, empujadas por las frías corrientes de invierno. Mery y yo hacemos como si no nos acordáramos de los buenos tiempos, pero eso no hace más que incrementar la tensión entre nosotros e impedirnos mantener un hogar estable. Pero yo aún me acuerdo de las veces que íbamos en el coche de mi hermano, con Mery y su cuerpo bronceado y húmedo que yacía junto al pantano. Cada noche me tumbaba en aquella orilla y la abrazaba lleno de amor, mientras permanecíamos en la hierba acunados por la Luna y las estrellas. Ahora esos recuerdos me persiguen para derrumbarme, pararme a llorar pensando en qué se ha convertido mi vida, me persiguen como una maldición. ¿Es un sueño una mentira si no se hace realidad? ¿O es acaso algo incluso peor lo que me arrastra al río cada noche? Pero el río se ha secado, y el cielo parece haberse puesto de acuerdo en parecer más triste cada noche que me siento en la escasa hierba seca que aún permanece en los abandonados campos. Pero sigue habiendo algo que me empuja a ir noche tras noche. Al río…